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Fibromialgia

FibromialgiaLa fibromialgia es una condición crónica que se manifiesta por dolores generalizados en el cuerpo (músculos, tendones, tejido fibroso), habitualmente asociado a otros tipos de alteraciones sicológicas y somáticas como cansancio extremo, ánimo bajo, alteraciones en el sueño, malestares digestivos, hipersensibilidad al dolor, entre otras.

Las causas de la fibromialgia siguen siendo una incógnita. No existe una única causa determinada que provoque fibromialgia. Se han postulado variadas teorías al respecto, como una posible hipersensibilidad al dolor a nivel del sistema nervioso central y periférico, pero probablemente la fibromialgia es la resultante de la influencia multifactorial y multidimensional  sobre un organismo con cierta susceptibilidad a padecer esta enfermedad. Además se ha relacionado con otras enfermedades reumatológicas y del tejido conectivo (como artritis reumatoide, lupus eritematoso sistémico, etc.), con la infección de algunos virus, eventos traumáticos (físicos y psicológicos) y factores hereditarios. Si bien estos y otros factores pudieran contribuir al desarrollo de una fibromialgia, desde la medicina integrativa y las terapias relacionadas trabajamos sobre la individualidad de cada persona, evaluando las circunstancias específicas y únicas en que se desarrolla esta enfermedad en un paciente determinado.

El diagnóstico se realiza a través de la historia clínica y el examen médico en la consulta. No existen exámenes de laboratorio que se alteren en forma constante con esta enfermedad. Si bien la mayoría de los médicos solicitan exámenes complementarios, en general estos son para descartar la presencia de otras patologías que puedan estar agravando la sintomatología del paciente. En 1990 se establecieron ciertos criterios para el diagnóstico de la fibromialgia que incluían:

  • Presencia de dolor en 3 de los 4 cuadrantes del cuerpo (es decir lado derecho, izquierdo, sobre y bajo la cintura).
  • Dolor en 11 de los 18 puntos gatillo descritos.
  • Duración de 3 meses mínimo de estos síntomas.

Si bien estos criterios siguen siendo utilizados para el diagnóstico de esta enfermedad, en 2010 el Colegio de Reumatólogos de Norteamerica (ACR) propuso ampliar los criterios diagnósticos, ya que había un subdiagnóstico de la Fibromialgia, quedando por lo menos un 25% de los pacientes no diagnosticados por los médicos, aun padeciéndola. Estos nuevos criterios permiten evaluar un score que determinaría la presencia o no de fibromialgia. Estos nuevos criterios incluirían dolor generalizado, alteraciones en el sueño, fatiga, trastornos cognitivos, diversos síntomas somáticos y/o psicosomáticos, alteraciones del ánimo y ansiedad, etc. La fibromialgia sigue siendo un desafío para el mundo médico tanto en entender su origen, como el diagnóstico preciso y el tratamiento de ésta.

El tratamiento de la fibromialgia desde un punto de vista convencional se basa en el uso de antidepresivos, anticonvulsivantes de nueva generación, antiinflamatorios, analgésicos y medidas generales tales cómo dieta, ejercicios físicos, fisioterapia y apoyo sicológico. Los resultados son variables. Existen pacientes que mejoran su calidad de vida con algunas de estas medidas convencionales, sin embargo hay quienes viven la frustración de mantener sus síntomas a pesar de años de costosos tratamientos.

Generalmente el paciente que consulta buscando otras alternativas de salud es aquel que no ha logrado reducir sus síntomas a pesar de haber intentado un tratamiento convencional por largo tiempo, evaluado y estudiado por reumatólogos, neurólogos, psiquiatras, psicólogos, traumatólogos, kinesiólogos y otros especialistas de las ciencias de la salud. Lamentablemente sólo el paciente que vive una Fibromialgia refractaria puede entender cuanto se sufre con esta enfermedad invalidante.

La fibromialgia, al ser una enfermedad tan diversa y que involucra cambios físicos y psicológicos, requiere una evaluación y tratamiento multidimensional. La Medicina Integrativa ofrece una visión mucho más amplia de esta condición, tomando en consideración la individualidad de los procesos psicológicos y biológicos de cada persona. Así también, propone tratamientos que permiten ampliar las posibilidades terapéuticas convencionales.

Lo que busca la Medicina Integrativa es estimular los mecanismos de regulación basales del organismo, para que los tejidos inflamados y disfuncionantes puedan recobrar un equilibrio saludable, disminuyendo o suprimiéndo completamente los síntomas. La medicina biológica (homotoxicología) es una terapia biorreguladora que busca, mediante compuestos homeopáticos, generar una detoxificación y una regulación de la inflamación, a través de estímulos inmunomoduladores. La acupuntura y la terapia neural en el tratamiento de los campos interferentes también son terapias que se ocupan frecuentemente en el enfoque integral de esta enfermedad. La nutrición tiene un rol central en la salud, particularmente frente a una fibromialgia. Se individualizan nutriterapias antiinflamatorias, alcalinizantes y detoxificantes, que  ayudan a restablecer los procesos celulares y biológicos disminuyendo los agentes proinflamatorios de los tejidos y mejorando la hipersensibilidad presente en los pacientes. La nutrición ortomolecular restaura los equilibrios de vitaminas, minerales y oligoelementos necesarios para la adecuada función de las neuronas, tejido conectivo y células musculares. Una adecuada asesoría kinesiológica también es primordial. El trabajo en la reeducación postural y las terapias corporales permiten “desbloquear” y armonizar los equilibrios perdidos en el paciente. Terapias y técnicas mente/cuerpo como el yoga o el qi gong también permiten un acercamiento terapéutico a esta compleja enfermedad. Por último, y tan importante como los trabajos biológicos,  una psicoterapia adecuada es tremendamente valiosa en la comprensión y búsqueda del camino hacia la sanación.

El enfoque médico integrativo entrega una visión más amplia para el abordaje de lo que hoy se conoce como fibromialgia, permitiendo aumentar las posibilidades de éxito de un tratamiento convencional, sobre todo cuando estos no han logrado mejorar la calidad de vida de los pacientes.

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