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Estrés

EstrésCuando hablamos del estrés, habitualmente lo circunscribimos a un estado mental y psicológico de sobrecarga y cansancio, con consecuencias tales como irritabilidad, alteraciones del ánimo, ansiedades, insomnio y otras.  Sin embargo en realidad el estrés es un estado global del organismo, pues involucra una respuesta adaptativa general de todo el sistema como un conjunto. Es así como no solo tendremos reacciones a nivel mental, como las descritas, sino que un estado de estrés involucra necesariamente reacciones en otros sistemas corporales. De esta manera encontraremos una respuesta de cada órgano y sistema ante el estrés. Por ejemplo, ante un estrés agudo podremos observar varias de las siguientes manifestaciones:

  • Sistema cardiovascular: aumenta el pulso, aumenta la presión arterial.
  • Sistema endocrino-metabólico: aumenta la adrenalina, la glicemia, la insulina.
  • Sistema respiratorio: aumenta la frecuencia respiratoria, se dilatan los bronquios, etc.

Es así como en cada gran sistema, en cada órgano, en cada tejido y hasta en cada célula se manifiesta la respuesta al estrés. Con esto queremos destacar que el estrés involucra y afecta a todo el organismo en su conjunto, y está relacionado con manifestaciones que trascienden por mucho las alteraciones psíquicas.

Estrés agudo vs. Estrés crónico

Imagine que está caminando tranquilamente por su barrio, divagando y contemplando la naturaleza. De pronto, sin previo aviso, un perro Pitbull aparece ladrando y corriendo en dirección a usted. Lo que sucede a continuación se conoce como una respuesta a un estrés agudo: una mezcla de miedo o pavor, sudor de manos, palpitaciones, temblor de extremidades, etc. Nuestro organismo acaba de ser presa de una descarga adrenalínica a través de las glándulas suprarrenales y un aumento en la descarga del sistema nervioso simpático. Se redistribuye el flujo sanguíneo al cerebro y los músculos, aumenta la glicemia y la utilización de ésta, se agudizan ciertos sentidos y funciones en desmedro de otras. La respuesta a este tipo de estrés agudo es una respuesta inmediata en que el cuerpo se prepara para “Luchar o huir” (o fonéticamente más glamoroso “fight o flight”) para salvar ilesos de una situación de amenaza real. Esta es la primera fase de  una respuesta al estrés. Las fases siguientes con la fase de mantenimiento y la fase de resolución, donde la amenaza ha cedido, el individuo se siente  exhausto, y el organismo necesita un descanso para recobrar fuerzas y autorrepararse. Estas tres fases de reacción ante un estrés agudo (alerta, mantención, resolución), descrita por Hans Selye (1907-1982), son absolutamente necesarias para la subsistencia del individuo y de la especie. Si no hubiésemos sido capaces de escapar o luchar contra animales salvajes durante nuestra evolución como especie humana, hoy no estaríamos aquí. Sin embargo, en la vida actual, no nos enfrentamos ya a bestias salvajes ni a ataques de tribus enemigas. Estamos expuestos a otro tipo de estrés, qué produce consecuencias negativas en nuestro ser: un estrés crónico. Esto quiere decir que nuestro organismo advierte amenazas constantes (preocupaciones, enfermedades, problemas económicos, laborales, interpersonales, en la pareja, etc.), y por lo tanto existe también un constante estímulo del sistema simpático y de las glándulas suprarrenales, sin encontrar la necesaria fase de resolución, imprescindible para el descanso y la reparación de los tejidos. Estamos constantemente en alerta, y como el organismo debe mantenerse en esa alerta ya que el factor estresante es permanente, se dejan de lado otros procesos fisiológicos fundamentales como la reparación de los tejidos y el mantenimiento de la homeostasis (equilibrio) interna.

Consecuencias del estrés crónico

El aumento del tono del sistema nervioso simpático y el estímulo de la médula suprarrenal generan una serie de alteraciones  en el corto, mediano y largo plazo. Así mismo el estrés crónico aumenta los niveles de ciertas hormonas, como la insulina y el cortisol, generando un creciente riesgo al desarrollo de diversas enfermedades. Hace décadas ya que se sabe que los tejidos y órganos expuestos a un constante estímulo de estas y otras hormonas del estrés se ven alterados en sus funciones. Más aún es conocido también que aquellos sometidos a un estrés constante se enferman más, e incluso mueren antes, que aquellos que no presentan niveles elevados de estrés. Las tejidos se deterioran y no logran autorrepararse de forma adecuada; el sistema inmunológico se ve alterado en sus funciones, y aumenta el riesgo de infecciones, enfermedades autoinmunes y cáncer; se desencadenana diversas enfermedades gastrointestinales, cómo gastritis, úlceras, constipación, diarrea, colon irritable, etc.; la musculatura se tensiona y se genera contracturas e inflamaciones que producen cefaleas, bruxismo, lumbagos y dolencias osteomusculares; neurológicamente se altera el ciclo sueño-vigilia, produciendo somnolencia diurna e insomnio en la noche; baja la capacidad de atención y la memoria a corto plazo, disminuyendo también el rendimiento laboral; aparece irritabilidad, ansiedad, angustia, cambios de ánimo, crisis de pánico, etc.; Es decir, perdemos el control de nuestra vida y es la vida -con el estrés permanente- la que nos controla a nosotros, lo que nos produce malestares físicos reales, mentales , emocionales y hasta espirituales. La desesperanza y desazón nos embarga, y creemos por un momento (a veces un momento demasiado largo) que no hay salida.

Mal de muchos..

Al mirar detenidamente a nuestro alrededor veremos que este cuadro clínico se repite mucho más a menudo que lo que quisieramos. Así empiezan también los consuelos y consejos mutuos entre seres estresados. Cómo quien ofrece una manzana, alguien le  ofrecerá un ravotril cómo “solución” al estrés. Al tomarlo inmediatamente se sentirá más relajado y podrá conciliar un sueño de corrido (Pero cuidado:  también sentiría relajo con otras drogas. Por ejemplo  si toma alcohol, fuma marihuana o se inyecta heroína ). “Eureka! El problema del estrés ya tiene solución. Tomaré 1 ravotril todos los días de mi vida. Cómo me han dicho que uno se acostumbra, tendré que aumentar la dosis a 2 o 3 al día en algunos meses más.” Si usted así lo quiere, puede ocupar esa estrategia. Pero no se engañe. Esa no es una solución al problema.

Enfoque terapéutico integrativo

La medicina integrativa entrega una visión holística e integral que permite abordar de manera multidisciplinaria enfermedades, dolencias y problemas de salud en general. En el caso del estrés crónico o sostenido – como genera alteraciones en todos los sistemas del organismo – requiere un tratamiento integrativo, que va mucho más allá que “adormecer” al sistema nervioso central mediante fármacos químicos de origen sintético.

  1. Eliminar o disminuir el agente estresor: En la mayoría de los pacientes que presentan síntomas de estrés crónico, el agente estresor es un factor externo que permanece presente a lo largo de semanas, meses o años. Esto perpetúa el síntomas del estrés y dificulta la adecuada función de las células, y de los sistemas inmunológico, endocrino, nervioso y cardiovascular, entre otros. Cambios de hábitos y medidas conductuales pueden ayudar a disminuir significativamente o erradicar el factor estresante externo, permitiendo que el tratamiento que se instale tenga mucho mejor resultado, y en un corto plazo.

  2. Herramientas para el control del estrés: Muchas veces pareciera imposible eliminar el agente estresor, pues generalmente nos encontramos “durmiendo con el enemigo”. La maternidad, el trabajo, enfermedades de seres queridos, cargos de mucha responsabilidad y otras condiciones no nos permiten tomar la decisión de “cortar el problema” de raíz. En cambio sí podemos aprender a manejar el estrés al cual tendremos que seguir expuestos. La asesoría psicológica, técnicas de respiración,  mindfullness, meditación, actividad física asesorada, y otras terapias mente/cuerpo pueden entregarnos herramientas para mantener el control de la situación y de nosotros mismo, aun persistiendo el estímulo estresor en nuestras vidas.

  3. Medicina Biorreguladora: La medicina de biorregulación estimula la propia capacidad del organismo para restablecer el equilibrio funcional y fisiológico. Utiliza diversas medidas terapéuticas, entre las que destacan la homotoxicología, la acupuntura, la terapia floral y el equilibrio nutricional mediante la dieta y el aporte de suplementos naturales. Los medicamentos utilizados, a diferencia de los tratamientos químicos, no producen dependencia, efecto rebote ni efectos secundarios. Estimulan la propia capacidad de curación, promoviendo el equilibrio a nivel neurológico, inmune, endocrino y psicológico. De esta forma se puede disminuir la excesiva actividad del sistema nervioso simpático y la descarga de adrenalina y cortisol por parte de  la médula suprarrenal, mejorando no solo los síntomas mentales y neurológicos, si no que disminuyendo o eliminando la repercusión que tiene el estrés crónico en todos los tejidos y órganos de nuestro organismo.

 

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