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Ansiedad: cuatro áreas de la vida para abordarla

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Ansiedad: cuatro áreas de la vida para abordarla

 

Hoy en día, los problemas de ansiedad se han vuelto cada vez más frecuentes; es común encontrarnos con personas que atraviesan vivencias como las crisis de angustia, intensa ansiedad social, crisis de pánico u otros problemas relacionados, tales como trastornos del sueño e ingestas compulsivas de comida. No siempre es fácil encontrar una explicación satisfactoria para estas situaciones, que se entienden como “algo que le pasa al cuerpo”, “algo inesperado y difícil de controlar”, sin mayor correlato con la manera en que la persona está viviendo su vida. En la mayoría de los casos, estas dificultades requieren de intervención psiquiátrica o psicológica, donde las personas obtienen herramientas para terminar con estos síntomas de manera concreta y – ojalá – rápida (por ejemplo, con técnicas de relajación o diversas formas de afrontamiento de situaciones problemáticas).

Junto con valorar el enfoque orientado al cambio recién señalado, es necesario saber que la ansiedad es una respuesta normal y adaptativa de los seres humanos ante situaciones consideradas desafiantes o amenazantes, y es el exceso de ésta lo que llega a perturbar el bienestar psicológico de las personas. Por varios motivos, aprendemos a estar excesivamente alertas frente a determinadas situaciones – por ejemplo, cuando debemos realizar una presentación en público – al punto de que lo que hacemos se ve perjudicado. Como consecuencia, podemos evaluar de forma negativa nuestra conducta e incluso nuestra manera de ser, entrando en un círculo repetitivo de momentos problemáticos que no logramos resolver y en los que comenzamos a sufrir, surgiendo una autocrítica intensa porque no alcanzamos los resultados que buscamos. Este hecho está reflejado en una adaptación de la Ley de Yerkes-Dobson (Yerkes y Dobson, 1908), que señala que todos necesitamos un cierto nivel de activación para responder a las tareas de la vida, pero que un exceso en dicha activación termina perjudicando nuestra conducta.

ansiedadPues bien, siempre considerando a la ansiedad como una respuesta normal del organismo ante situaciones desafiantes, existe una propuesta desde la psicología existencial (Van Deurzen y Adams, 2011), donde se plantea que los síntomas o cuadros de ansiedad, son el reflejo de una ansiedad más profunda y permanente, que no siempre captamos, y que surge por nuestra dificultad para lidiar con ciertos ámbitos importantes de la vida y sus desafíos particulares.

Los psicólogos Emmy Van Deurzen y Martin Adams (2011), resumen cuatro dimensiones o áreas de la vida, con las cuales todas las personas lidiamos, y cuyo adecuado equilibrio facilita el bienestar psicológico. Si descuidamos una o más de estas áreas, o alguna de ellas constituye un “tema pendiente” en nuestra vida, es probable que – junto con otras emociones como la pena o la rabia – sintamos una alta ansiedad en relación con ellas.

En tal caso, lo más probable es que intentemos evitar dicha ansiedad, hacer como que no existe, volcando nuestra atención y energía en los temas ya resueltos de nuestra vida, pero pasando por alto el problema central, que es esa área a la que no nos estamos dedicando, o que presenta algún conflicto sin resolver. Todo esto implica que los problemas de ansiedad surgen, desde su base, porque hay ámbitos de nuestra vida que no están desarrollados o suficientemente resueltos.

Las cuatro dimensiones relevantes son 1) Dimensión física; 2) Dimensión personal; 3) Dimensión social y; 4) Dimensión espiritual o del sentido. Como veremos a continuación, cada una de estas dimensiones está conformada por un desafío principal, un potencial provecho, (es decir, lo que podemos obtener si desarrollamos esa área) y una potencial pérdida (como consecuencia de que esa área no ha sido desarrollada o cuidada). Se agregan, al final de cada dimensión, algunas recomendaciones para desarrollarla o cuidarla.

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1)    Dimensión Física: Implica el cómo nos relacionamos con el mundo concreto de nuestro cuerpo, nuestra salud física, posesiones materiales y entorno en el que vivimos. Básicamente, las personas alcanzamos cierta capacidad de cuidar esta dimensión, cuidando o no de nuestra salud, apreciando más o menos nuestro cuerpo y sintiendo satisfacción con el disfrute de los aspectos materiales de la existencia (desde disfrutar una comida hasta el placer de poseer algún bien material). En términos existenciales, estamos invitados a mirar más allá del nivel superficial de esta dimensión, para enfrentar el desafío de que nada material dura para siempre, incluyendo los bienes que poseemos, nuestra juventud e incluso nuestra propia existencia física que terminará en el momento de nuestra muerte. Es así como aprender a valorar lo que tenemos y lo que somos, aprovechar esta vida, junto con aceptar que todo ello acabará algún día, son los retos principales de esta dimensión.

a)    Principal desafío: La muerte.

b)    Provecho potencial: Disfrutar y vivir la vida plenamente.

c)     Pérdida potencial: Vivir con miedo; sentir que “no se ha vivido la propia vida”.

d)    Recomendaciones: Apreciar el cuerpo y cuidar la salud física. Trabajar por anhelos y metas personales. Disfrutar los placeres que ofrece la vida, sin aferrarse a ellos.

 

2)    Dimensión Social

Aquí, nos referimos a la capacidad de vincularnos con otras personas, incluyendo el tener una o más relaciones significativas, lo que implica desarrollar un sentido de pertenencia con nuestra familia, amigos, grupos cercanos, sociedad y cultura. Junto con reconocer y desarrollar su autonomía, todas las personas necesitan vincularse unas con otras para emprender proyectos, generar experiencias y, en ese proceso, desarrollar una identidad. El hecho de contar, o no, con amigos de confianza, el tipo de relación que mantengamos con nuestra familia de origen, el tener o no pareja e hijos, o recibir aprecio y reconocimiento de nuestro entorno social y laboral, son todas variables que cobran relevancia en esta dimensión, según los intereses y manera de ser de cada persona. Se asume que, teniendo esta área desarrollada, es decir, si somos capaces de relacionarnos significativamente con alguien (sean amigos, pareja, padres, colegas, etc.), estaremos cuidando de nuestra salud emocional. Asimismo, el cómo enfrentemos posibles términos de relación o pérdidas de personas importantes, será relevante en cómo vayamos lidiando con esta dimensión.

a)    Principal desafío: La soledad; la pérdida.

b)    Provecho potencial: Comprender a otras personas y ser comprendidos. La compenetración y la confianza.

c)     Pérdidas potenciales: El aislamiento; la dependencia.

d)    Recomendaciones: Cuidar de las personas que amamos y compartir con ellas. Mantener contacto con amigos, conocidos, colegas, etc. Buscar un equilibrio entre tiempo personal y tiempo compartido, según lo necesitemos.

 

3)    Dimensión Personal: Esta dimensión es un poco más compleja, ya que se refiere a la relación con nosotros mismos: el cuánto nos conocemos, cómo nos valoramos y la capacidad de asumir la vida con libertad y responsabilidad. Perdemos claridad en esta dimensión cuando creemos que existe solo una manera correcta de vivir la vida que ya está escrita en alguna parte, independiente de nuestros propios deseos, expectativas y habilidades personales. Aquí nos referimos, entonces, a la capacidad de descubrir quiénes somos, qué queremos y, a la base de todo ello, hacernos conscientes y responsables de las decisiones que tomamos en la vida, aun cuando las hayamos tomado en el pasado, y perfilar cómo queremos vivir nuestro futuro.

a)    Principal desafío: El hecho de que nos equivocamos y somos vulnerables.

b)    Provecho potencial: Desarrollar fuerza y crecer con los desafíos de la vida.

c)     Pérdidas potenciales: Egocentrismo; auto-destructividad.

d)    Recomendaciones: Buscar espacios para el autoconocimiento y el desarrollo de capacidades. Encontrar la forma más honesta posible de vivir la vida. Hacerse responsable de las propias decisiones. Hacernos responsables de la relación con nuestro entorno.

 

4)    Dimensión Espiritual o del Sentido: Frente a los distintos aspectos y la complejidad de la vida, las personas desarrollamos alguna manera de entender cómo funcionan las cosas y de qué manera estas calzan para que el mundo exista. Junto con ello, “desarrollamos un sistema de valores y hallamos un sentido a la vida, a través de la reflexión” (Van Deurzen y Adams, 2011, p. 20), que guía nuestra conducta y nuestras decisiones. Esta dimensión, por lo tanto, engloba y da orientación a las tres anteriores, y se relaciona con una dimensión más trascendente, implicando la capacidad de encontrar un sentido en la vida, del cual nos queramos hacer parte. Así, cuidar de esta dimensión implica una cierta capacidad de sentir y pensar sobre el propósito de lo que somos, algo que no se nos suele enseñar en la educación escolar, y que muy seguramente estará matizado por el sistema de valores presente en nuestra familia o entorno de origen. Desde ahí, algunos pueden abordar esta dimensión a través de una opción espiritual concreta, como la adhesión a alguna religión, o el estudio y práctica de actividades como la meditación o el yoga. Por otra parte, el compromiso con cuidar el medio ambiente o la necesidad de estar generando algún aporte significativo al mundo (ej. a través de la creación artística, un emprendimiento, la participación en actividades filosóficas o políticas, o un ejercicio lúcido de la paternidad o maternidad,), reflejan también el desarrollo de esta dimensión de la vida.

Tal como ocurre con la dimensión anterior, obtenemos el mayor provecho de esta área al hacer un honesto ejercicio de reflexión y autoexploración de nuestra realidad.

a)    Desafío principal: La ausencia de sentido en la vida.

b)    Potencial provecho: Desarrollar y vivir de acuerdo con un sistema ético-valórico personal.

c)     Potencial pérdida: El fanatismo; el fundamentalismo; la indolencia con el mundo.

d)    Recomendaciones: Buscar espacios para contemplar y pensar lo que somos y hacemos en esta vida. Realizar un ejercicio de pensamiento crítico en relación con nuestra realidad social, cultural y política, así como nuestro rol en ella. Reflexionar sobre qué creencias hemos sostenido en el pasado y cuáles sostenemos hoy. Vivir en consecuencia con nuestros valores y motivaciones.

 

Conclusión

Volviendo al tema inicial de este artículo, mientras más logremos revisar y cuidar estas cuatro dimensiones, es posible que nos sintamos mejor como personas y que suframos menos de esa ansiedad que es producto de un vacío en alguna de ellas. En relación con esto último, el reto más importante fue señalado por el psiquiatra austríaco Viktor Frankl (2015), cuando escribió que, incluso si las condiciones de nuestra vida son muy adversas, siempre tendremos la libertad de elegir qué hacer respecto de ellas. Darnos cuenta de esta posibilidad puede constituir una difícil tarea, pero también un importante aprendizaje que podemos emprender tanto por nuestra cuenta como con el soporte de otras personas, incluyendo amistades, familiares, consejeros, mentores, o instancias de apoyo profesional como la psicoterapia.

Psicólogo Rodrigo Hagar Millón

Referencias:

Frankl, V. (2015) El Hombre en Busca de Sentido. Barcelona: Herder.

Van Deurzen, E. y Adams, M. (2011) Skills in Existential Counselling and Psychotherapy. Londres: SAGE Publications.

Yerkes, R. y Dobson, J. (1908) The relation of strength of stimulus to rapidity of habit-formation. Journal of comparative neurology and psychology, 18(5), pp. 459-482.